Domingo, a media tarde.
El Eixample respira abajo.
Frente a las ventanas, la Casa Batlló.
Dentro, todo baja de volumen.
Este proyecto de decoración no compite con lo que sucede fuera: lo acompaña.
La planta alargada deja entrar la luz por los dos extremos, mañana y tarde.
La zona de día es un gesto abierto salón, comedor y cocina; un despacho que puede ser habitación suma versatilidad sin perder armonía.
Materiales nobles y paleta clara construyen calma.
Roble, piedra natural y textiles que visten con cortinas ligeras; iluminación por capas; piezas de autor, arte y libros que cuentan la casa sin alzar la voz.
El carácter original se sostiene en el parquet en punta de Hungría, molduras y boiseries que marcan la pauta.
Al fondo, galerías, terrazas y el patio de isla típico del Eixample llevan la claridad hasta el último rincón. Incluso los baños reciben luz natural.
Aquí no se trataba de cambiarlo todo, sino de revelar lo que ya estaba.
Un interior que mira a Barcelona… y Barcelona le devuelve la mirada.















































