Viernes, siete de la tarde.
El coche se detiene frente al edificio.
La ciudad vibra, la bebé despierta y ellos suben deprisa, como quien llega a su lugar secreto.
La puerta se abre y los arcos hacia la cocina dan la bienvenida, la luz sobre la madera clara, la terraza que se asoma al parque como un escenario propio.
Aquí todo empieza de nuevo.
Mientras otros escapan al silencio de la montaña, ellos vienen a buscar la energía de Barcelona.
Un sofá azul les espera, la biblioteca se mezcla con las risas y el bullicio del parque entra como parte de la casa.
Turó Park a sus pies.
La ciudad encendida al fondo.
Para ellos, descansar no significa aislarse, significa vivir el fin de semana en el corazón mismo de la ciudad.














































