Tarde luminosa en el Eixample.
Altos techos, rosetones, manillones únicos.
La historia te abre la puerta.
Esta vivienda nace para un barcelonés que vuelve tras años fuera y quiere sentir la ciudad en cada rincón.
Restauramos lo esencial; molduras, vitrales de la galería, suelos hidráulicos y parquet en punta de Hungría y lo pusimos al día con domótica: luces, cortinas, clima y música se controlan con un gesto.
El área social es el centro: cocina abierta que se expande con una pared escondida tras un espejo; una gran barra para cocinar conversando; la tribuna se convierte en bar íntimo, conectado al salón y al comedor.
Materiales nobles y paleta contenida visten con sobriedad. Iluminación por capas, textiles medidos, piezas de arte que suman sin imponerse.
La suite privada celebra el confort: gimnasio integrado, vestidor, zona de trabajo y un baño refugio con ducha amplia y bañera exenta.
Aquí el pasado y el presente se miran de igual a igual.
Y Barcelona late dentro.





























































