Lunes, seis de la tarde.
La luz de Palmetto Bay entra entre las copas de los árboles y se extiende por el interior. La casa se abre al jardín, dejando que la vegetación y las sombras formen parte de cada estancia.
El proyecto nace alrededor de un gran roble, conservado como una de las piezas esenciales del lugar. La arquitectura se adapta a su presencia y construye una relación constante entre interior y exterior.
Los espacios recuperan el lenguaje de la arquitectura de mediados de siglo: líneas limpias, grandes superficies acristaladas y una estructura marcada por techos de seis metros con vigas de madera vistas.
Madera, piedra, cuero y fibras naturales construyen una paleta cálida y contenida. El mobiliario y la iluminación reinterpretan referencias de aquella época desde una mirada contemporánea, sin convertirlas en una reproducción.
La distribución conecta las estancias con naturalidad. La cocina se integra con el comedor y las zonas de estar, mientras los grandes ventanales mantienen el jardín siempre presente.
La casa encuentra su carácter en la proporción, la madera, la luz y el paisaje.
Una forma de vivir inspirada en mediados de siglo, reinterpretada para el presente y pensada para convivir con el lugar.
Nada busca imponerse.
Todo busca pertenecer.































































