Situada frente a una de las calas más emblemáticas de la Costa Brava, esta vivienda nace de una transformación integral que replantea la manera en que se relacionan los espacios, la luz y el paisaje.
El proyecto parte de una búsqueda clara: ganar amplitud sin aumentar la superficie.
La redistribución interior elimina barreras innecesarias y permite que la vivienda funcione desde la continuidad. Los espacios se suceden con mayor naturalidad y la luz encuentra nuevos recorridos capaces de alcanzar zonas que antes permanecían en segundo plano.
Las líneas curvas acompañan esta nueva organización.
Lejos de responder únicamente a una decisión formal, las formas orgánicas suavizan las transiciones, amplían la percepción de los espacios y aportan una sensación de fluidez constante a lo largo de toda la vivienda.
La materialidad se reduce a lo esencial.
Un número limitado de acabados construye una base serena y coherente, mientras que los espacios de agua incorporan matices propios capaces de reforzar su identidad dentro del conjunto.
La decoración continúa esta misma lógica.
Cada estancia desarrolla su propio carácter sin romper el equilibrio general de la casa. Los colores, las texturas y las piezas seleccionadas dialogan entre sí para construir una atmósfera que refleja la personalidad de quienes la habitan.
El Mediterráneo está presente.
No como una referencia explícita.
Sino como una sensación.
La luz, los materiales naturales y los acentos cromáticos generan una elegancia relajada que conecta el interior con el paisaje que se despliega al otro lado de las ventanas.
Porque a veces el verdadero lujo no consiste en añadir más.
Sino en permitir que todo fluya con naturalidad.

































































