Se entra y el espacio no se define. Se deja sentir.
La intención era simple: crear un lugar donde estar a gusto fuera imprescindible. Un espacio capaz de convertirse en coctelería, biblioteca o sala de proyección sin cambiar nada, salvo la luz.
La materia envuelve. Castaño, lino, piedra natural y mortero de arcilla blanca construyen una atmósfera cálida y serena donde las formas se suavizan y el ruido desaparece.
En el centro, un tótem de viola calacatta hecho a mano puede ser barra o recepción. Frente a él, la piedra campaspero dibuja una contrabarra que funciona como estantería, biblioteca o apoyo. El espejo en el techo multiplica el conjunto y lo hace infinito.
Las piezas acompañan: la lámpara Tekio de Santa & Cole, textiles de Güell Lamadrid, mobiliario de Ferm Living y taburetes de Emeco.
Y entonces entra la luz.
La domótica de GIRA transforma el ambiente. Cambia la escena, el uso y la sensación sin mover nada.
Aquí el diseño no impone una función.
Permite que el espacio la encuentre.



































