Meritxell Ribé Modol, interiorista y decoradora en Barcelona, nació en Lleida el 1977, estudió en la Escuela Superior de Diseño Bau de Barcelona e inició su trayectoria profesional en diferentes estudios de interiorismo, decoradores y arquitectura de la ciudad. En 2005 crea su propio estudio de interiorismo y desde entonces ha proyectado diferentes proyectos tanto de vivienda privada como de espacios profesionales. Como interiorista y decoradores en Barcelona, a partir de un servicio individualizado para cada cliente se ofrece la posibilidad de contratar diferentes opciones: desde un asesoramiento de espacios, colores, iluminación o diseño de mobiliario hasta el desarrollo de un proyecto integral de interiorismo y dirección de obras. Su filosofía de trabajo incluye un trabajo en equipo de decoradores y una concepción del espacio desde una visión real de las necesidades de cada cliente creando espacios con una atmósfera c&acaute;lida y personalizada. Decoradores en Barcelona.

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La intimidad sensorial. Los sentidos | The Room Studio

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La intimidad sensorial. Los sentidos

27.11.2019

Hay lugares que nos llenan de brillo, pero también hay lugares que nos tiran abajo. Otras veces, lugares que nos cuentan historias y, por qué no, los que las trascienden. Hay lugares que nos llenan de recuerdos, y lugares que nos transportan a uno que otro sentir. Hay cientos de lugares en constante sintonía con nuestras emociones, que nos invitan a entrar en intimidad con los propios sentidos y formar esa conexión intangible que da como resultado el bienestar sensorial.

Cada lugar que nos rodea tiene una carga de energía determinada que impacta directa o indirectamente en nosotros. Esa carga energética se debe a la suma de los elementos que componen ese lugar. Cada elemento de un lugar trae un aporte espacial que puede ser positivo o negativo. Entonces sabemos que el factor de mayor relevancia en la interacción con el espacio son nuestros propios sentidos. Los elementos que sintonizan con cada uno de ellos son los que tejen el puente a la intimidad sensorial y crean el impacto emocional.

Llevando estas afirmaciones a nuestra vida cotidiana, si se tratase de crear el espacio interior de tu propia vivienda o incluso de tu lugar de trabajo, o quizá de desconexión, la armonía e impacto de cualquier espacio que quieras crear, será estrictamente proporcional a la manera en que sintonicen tus sentidos con él. Los sentidos buscan armonía, equilibrio y emoción. Todo lo que traigas al espacio que esté fuera de ésta búsqueda multisensorial impactará de manera poco positiva a tu propia experiencia vital en ese lugar.

La vista. No podemos pedirle al ojo que se emocione con la textura rugosa de la madera natural que tiene esa mesa imponente del salón, pero sí sabemos que el ojo se impresiona cuando capta las hojas de los árboles en un juego de luces y sombras proyectado en el muro de mi habitación. El ojo se enriquece con ese rayo de luz natural, pero no es capaz de conectar con el calor que transmite e impacta en la piel ese mismo rayo de luz. El ojo observa ese juego de colores y se emociona, pero por la armonía que percibe a la distancia, y no por la conexión en el contacto.

El tacto. Juhani Pallasmaa, en su libro ‘Los ojos de la piel’ habla de que el tacto, por el contrario del ojo, es el órgano de la cercanía, la intimidad y el afecto… que mientras el ojo mantiene la distancia, el tacto se acerca y acaricia. Existe una presencia enérgica en el tacto que envuelve a la materialidad y al peso; pero más aún a la naturaleza que hay en ellas. Somos la constante búsqueda de lo natural, y no pasaré por alto cualquier material que me lleve a ello. La madera de roble de las vigas del comedor o esa piedra imponente que juega de pilar en la fachada de mi casa; no hay nada en ello que no me llame la atención. Hay atmósferas de intimidad y calidez que son producto de esas texturas que fueron trabajadas para la piel y la mano.

El oído. Ahora bien, si hablamos del oído, probablemente nos demos cuenta que no somos muy conscientes del significado que tiene en la experiencia espacial, pero basta con recordar el vacío acústico de una casa abandonada, en comparación con la energía fuerte y presente que envuelve a una casa vivida donde el sonido refleja la tranquilidad del hogar, la intimidad de la familia. Una vivienda ubicada en el medio de la ciudad, junto a una obra en construcción, probablemente me robe la paz con sonidos de rechazo; mientras que una ubicada frente al mar, me hable de la inmensidad del océano a través de los sonidos de las olas y el viento.

El gusto. En cuanto al gusto, en cambio, la ambigüedad es más fuerte. Tal vez sea porque el gusto está más bien ligado a experiencias humanas antes que a la sintonía. El sabor del café de la mañana que te conecta a un momento de paz, o el chocolate caliente un domingo de invierno compartiendo en familia en el salón de la casa.

El olfato. El olfato encabeza la lista de los sentidos que juega codo a codo con los recuerdos. Tal vez no puedo recordar mucho de la casa de mi infancia, pero sí tengo impregnado el aroma a hogar que me invadía en ella. Se dice que la nariz hace que los ojos recuerden, y no puedo estar más de acuerdo al comprobar esa experiencia olfativa que marca cada espacio donde alguna vez estuve. El olor de las flores de mi casa, el pasto recién cortado, las plantas regadas.

La relación y la interacción de estos cinco sentidos nos enriquecen fuertemente con la experiencia memorable del espacio que habitamos. Y si quedan dudas, a continuación, van imágenes que lo revelan. ¡Que tengáis una excelente semana!

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Autor: Luciana Espinola